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Villaclareñas

Pleno del Comité Provincial de la Federación de Mujeres Cubanas

Pleno del Comité Provincial de la Federación de Mujeres Cubanas Fieles a nuestra herencia

«Y mi mujer, ¿qué piensa —dijo el hombre—
¡ Nadie me diga que no ha venido mi mujer,
que no ha venido al mundo mi mujer todavía!»

Sidroc Ramos


Aquí estamos. Firmes, fuertes, capaces como siempre. Fieles a la herencia que nos han legado. Nadie podrá decir que las mujeres no opinaron. ¿Cómo vamos a limitarnos a escuchar? El terrorista que han dejado libre ha mutilado a tantas familias que no podemos estar calladas. Debemos repetir hasta el cansancio el grito de: ¡Justicia!
Aquí estamos. Hijas, madres, esposas, abuelas, hermanas, compañeras como siempre. Nadie puede decir que las mujeres no lucharon. Hemos venido a enarbolar la esperanza transformada en consigna y no nos importa qué abogados, qué estirpe de letrados es esa que paga altas sumas de dinero para devolver al mundo una serpiente. Nosotras agitaremos las pancartas durante todos los días de todas las manifestaciones.
Aquí estamos. Blancas, negras, chinas, indias, todas una misma raza. Apresamos la magnitud de este momento histórico conscientes de nuestro papel ante este notición que nos cayó de golpe en nuestras manos. ¿Cómo pudo ser mujer la jueza que fijara fianza para un asesino? ¿No teme por sus hijos, por su madre, sus hermanos? ¿Acaso no ella pudo con aquel ramalazo de sombras que le entraban por los ojos?
Aquí estamos. Rubias, trigueñas, cabelleras canas, cubanas todas. Siempre cubanas. Aquí estamos Tanias, Claras, Marianas. Aquí estamos Celias, las que encontramos siempre las palabras, los modos, las esencias para exigir del gobierno que engendra el terrorismo que ahorre demagogia y enjuicie al asesino.
Porque avanzamos al ritmo violento de la vida, guardamos en el pecho un vigor incontenible. Porque en nuestras voces hallarán los enemigos la misma resonancia de un golpe de tambor; aquí estamos. Niñas, adolescentes, jóvenes, viejas, todas con la misma dimensión del poeta, la misma estatura de las montañas, la fuerza de un contingente de maestros voluntarios, la ética de un destacamento de médicos internacionalistas, el poder impulsor de una Revolución y la gran fortuna heredada de la historia.
Aquí estamos, sin lágrimas, sin llantos. No hemos olvidado ninguna de las cosas que nos pasan y nos rondan. Y con nuestras verdades más altas que las palmas, con nuestra sed de justicia más terca que ese sol que no se apaga, en este pueblo, donde el dolor de una madre es el dolor de todos, la pena de una esposa es la lucha de todos, y la angustia de los hijos, la tristeza de la hermana, las ansias, compañeras, esas ansias que nos impulsan a juntar nuestras voces en un coro de voces guerrilleras para exigir: no queremos la muerte del verdugo, queremos justicia. No admitimos más engaños, ni caminos morosamente allanados.
Señor omnipotente de la Casa Blanca, aquí estamos. Esta masa compacta y combatiente convoca a un asalto al cielo y a una sola voz le advierte: No lloro. No capitulo. No maldigo. No imploro. En honor a todos nuestros muertos y junto a las víctimas y los mutilados te exigimos: ¡Vete y llévate contigo todo lo podrido de este mundo! Queremos otros vientos, vientos justos, vientos que no permitan más terror, vientos que griten al aire la felicidad de los humildes, vientos que tiren al suelo todo el mal y toda la injusticia. Y para que eso suceda aquí estamos elevando clamores y enarbolando con fuerza nuestras banderas.

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